La escritura y yo


ESTOS ESCRITOS CUENTAN CON UN ARCHIVO DE AUDIO, CREADO PARA LOS QUE NO TIENEN GANAS O TIEMPO DE LEER O PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD VISUAL





CONTRAMANO
A contramano por la vida. 
Te encontrás de frente con todo y con todos: los amigos, los conocidos, la familia, los vecinos, los valores, la estética, los gustos artísticos, los conceptos políticos y culturales…. Vienen de frente a vos, en sentido opuesto.
A medida que te los cruzás, intentás balbucear algunas opiniones, y percibís que en el ruido general, en el maremágnum de rostros y gritos, nadie te oye. Sin embargo, como van en la misma dirección entre ellos dialogan, extienden “redes”, se relacionan,  se reúnen riendo y haciendo bromas. Pero no intercambian profundidades: establecen contactos efímeros que los contentan momentáneamente.
Cuando alguien estira una mano en algún instante de desesperanza, de compañía en el infortunio o de necesidad, nadie la toma porque todos corren, van apurados, están distraídos. Y sin embargo y a pesar de que vos acudís al encuentro de ese desafortunado, te reconoce sólo por un instante, te mira como en medio de la bruma, descubriendo tu presencia casi entre sueños. Cuando despierta… vuelve a mirar a los que van en su misma dirección.
Las relaciones interpersonales son más virtuales que las que lo son en realidad: cada uno siente la imperiosa ansiedad  de exponerse, de exponer su vida en el afán subconsciente de la aprobación, y sin embargo, allí sólo frente a su espejo cada noche y cada día, está frente a la verdad. ¿Qué verdad? ¿Cuál verdad? Casi ni puede detectar ya la diferencia, tánto y tánto mezcló ficción y mediatización con la esencia auténtica de lo realmente importante. 
Es que sólo en el silencio, en la introspección, en el cuidado de acto y palabra, cada uno de los que realizamos y emitimos segundo a segundo, podemos saber hacia dónde vamos y qué queremos. Resultará quizás que deseamos pegar la vuelta y caminar a contramano con ese loco que vemos pasar de vez en cuando: ése que no quiere ir con el resto… pero “debe de ser tán aburrido y tán duro ir en contra de la corriente”, nos decimos,  y seguimos a paso rápido para no perdernos a la simpática masa que, codo a codo, ríe por algo muy gracioso que pasó en la tele…



EMPATE



Ni local, ni visitante. ¿Se puede?.
¿Se puede plantear por primera vez, desde tiempos inmemoriales, una alternativa  sin maniqueísmos?
Ni moros ni  paisanos, ni federales ni  unitarios, ni  alpargatas ni libros (solamente, se entiende), ni  ultraderechas ni ultraizquierdas........
Hagamos de cuenta que recién nacemos, que  tenemos la oportunidad, en un pequeño lugar, en un lugar elegido, en un lugar bendecido por la naturaleza, en un lugar aún no corrompido, tenemos digo, la ocasión de  conformar un nuevo ser, un nuevo mundo.
Para ello nos debemos olvidar de  antiguas vidas, de viejas promesas, de falsos gurúes. Debemos recomenzar pero bien: en orden, con justicia, sin espejismos modernistas ni  costumbrismos vacíos de contenido, y debemos, ante todo, recomenzar tomados de las manos, unidos. Los nuevos, los viejos, los recien llegados y los que siempre estuvieron.
No busquemos lo que dejamos. Todo lo contrario: busquemos lo que estaba aquí y queremos que no mute, que permanezca y que mejore.
Estamos habitando estas tierras enamorados, locamente enamorados de ellas. ¿Queremos variar acaso a aquél  que un día nos volvió locos de amor?
En cambio queremos acompañarlo, comprenderlo, ayudarlo, ponernos a su lado y compartir su crecimiento. Ambos buscaremos la mejor forma de crecer sin hacernos mal el uno al otro ¿no es cierto?
¿Podremos ponernos de acuerdo en que queremos seguir escuchando el canto de los pájaros,
En que preferimos un saludo amable al más completo anonimato,
En que “Digo la tonada” sea nuestro poema de cabecera,
En que la posada más cálida supere al más moderno hotel,
En que el agua más transparente y más hermosa sea la de nuestros arroyos,,
En que una calle poco iluminada nos brinde la gloria de ver mejor las estrellas
En que  nada pueda cambiar nuestro paso cansino, aún subidos a un vehículo
En que cuanto menos tengamos, menos nos será envidiado
En que quien nos ayude sea respetado y bien pago
En que cuanto más silencio haya más nos oiremos
En que cuantas menos ofertas tengamos, menos riesgo correremos de ser superfluos?


¿Podemos dejar de oir los cantos de las sirenas por primera vez, y decidir por nosotros mismos? 
Ya crecimos, y tuvimos la suerte, después de tanto tiempo, de encontrar Este Lugar En El Mundo. No lo echemos a perder, por favor..........¿O YA LO HICIMOS.....?



Los "endiliados" (¿exiliados en la misma patria?)

Extraño sino el nuestro, el de los errantes que deambulan por su misma tierra,  habiendo perdido el sitio de referencia. Como zombies, como sonámbulos sin brújula ni control, caminando a tientas, inventando y reinventándose.
Como si un horrendo cataclismo nos hubiera volcado de su gigantesca olla y nos hubiera desparramado por el piso: tomamos nuestras pertenencias, y agarraditos de la mano, pequeñas o grandes familias, nos fuimos desperdigando por el país.
En el primer rincón oscuro, en el primer agujerito calentito y acogedor, nos protegimos y nos instalamos. Casi sin saber, sin siquiera preguntar, allí nomás nos quedamos, mirando de reojo para afuera hasta estar seguros, como animales perseguidos por los depredadores, no recuperamos  nunca más la calma original.
Y en medio de ese destierro ¿qué?: ¿algunos sabrán lo que es perder la identidad en la misma patria? 
Porque de los otros, ya hemos escuchado bastante: de los anteriores y de los actuales, los hay terribles y angustiantes, y los hay felices y progresistas. Quiero decir, claro está, de los destierros verdaderos.
Pero de estos nuevos, nadie se está preocupando. Del hormiguero pateado por la violencia, la delincuencia, el hambre y la necesidad, ninguno habla. 
Tal vez algunos hayamos decidido huir de las feroces ciudades, con su ya irreversible crueldad y ceguera competitiva: entonces, miramos y elegimos. Tuvimos tiempo y serenidad para reconstruir nuestro nuevo nido, luego de casi toda una vida en aquellos lugares que nos vieron nacer.
¿Pero otros.....? Como cuando éramos chicos y jugábamos al "tinenti": donde cayeron las piedritas, tenías que arreglarte para juntarlas...! Así es que cuando salió el sol, recién pudieron ver el paisaje. Antes, solo se trataba de correr y salvarse.
De estas situaciones, por supuesto, no resultan los mismos "endilios".
Los primeros, miramos, escuchamos, comparamos, compartimos, integramos, hicimos y deshicimos amigos, extrañamos,...... y volvimos a nuestras raices. Nos pusimos y sacamos las bombachas de campo, hicimos huertas que se helaban en invierno por culpa de nuestra inexperiencia,  luchamos fieramente  por la ecología que todos descuidaban menos nosotros, redescubrimos al folklore hasta que nos hicieron notar nuestro inocultable acento porteño, se nos gastó la energía tratando en vano que nos aceptaran , empezamos a tomar el mate adentro porque debajo de la morera hacía calor o molestaba el viento, y colocamos el CD de música clásica porque no escuchamos un concierto en mucho tiempo.
Los segundos, rara paradoja, se pusieron a reparo del viento y se ubicaron donde mejor les daba el sol: vendieron espejitos de colores y se los compraron, aprendieron a cantar bastante bien la zamba y se ganaron la vida, cortaron los árboles y nadie los multó, construyeron sobre el arroyo, la sierra, el mar, y los aplaudieron porque abrieron fuentes de trabajo, se burlaron por lo bajo pero supieron hacerse querer. Se integraron o dominaron por el poder del dinero.
Unos y otros, estamos parados en medio de un camino que no es nuestro y es probable que en algún momento debamos corrernos para no ser atropellados por los dueños. 
Aunque parezca mentira, los endilios se sufren tanto como los exilios. Me atrevería a decir más, si no fuera porque alguno va a caer con la musiquita de siempre.  Estoy segura de que la xenofobia interna es destructora desde lo más profundo: socava las raices y te deja sin saber a dónde ir para terminar tus días. Se mira para atrás, donde sólo quedan ruinas, y lo único que resta es seguir huyendo.
¡No mientas! Nadie quiere al que cae sin avisar!
Si  lo pienso bien, nuestros abuelos estarán comprendiéndonos......



EDUCACION GENERAL BASICA
"¿Que ésta es una mala época? Pues bien, estamos aquí para hacerla mejor" Thomas Carlyle.

Muchos especialistas en desarrollo del conocimiento y su aplicación en la enseñanza, ya nos hablan sobre los procesos psicológicos, dividiéndolos en elementales y superiores. ¡Cuánto han trabajado estudiando las mejores formas de permitir el acceso a los conocimientos más elevados a través de la educación!
Sin embargo, años, tal vez siglos de investigaciones, cuán rápido pueden borrarse y desandarse; podemos decir sin miedo a equivocarnos, que en el término de menos de 25 años, hemos logrado ignorar con éxito cualquier objetivo de crecimiento intelectual o ético.
No es necesario realizar un estudio detallado de los avances o retrocesos de la enseñanza escolar, claro que no. Dejemos eso a los especialistas.
Cuando hablamos de E.G.B., (nunca tan irónica la referencia....), basta solamente poner nuestra mirada en la vida cotidiana, y alcanzará sobradamente para tener una referencia exacta de lo que afirmamos.
¿Nos hemos puesto a observar el hecho de que ya casi ningún niño conoce las palabras "gracias", "perdón", "permiso", "por favor"? ¿ Que es imposible desde su más tierna infancia fijarles límites, y lograr que tengan la percepción completa del término "NO"?
Por supuesto, esta infancia a la que nos referimos son los hijos a su vez del producto más acabado de los últimos 25 años: adultos jóvenes apurados por hacer dinero fácilmente, o no tan fácilmente, padres ausentes de día completo, interesados mucho más en los avances de su computadora y en renovar sus autos que en sus hijos. No pueden ni quieren resignar parte de sus ganancias para compartir el hogar con sus niños; pero tampoco, de hacerlo tendrían la paciencia y las ganas de enfrentar aquello tan placentero como complicado que es la empresa de educar a nuestros niños.
Cuando pueden tomarse unos días, los descubren. ¿Y qué ven? Ven a seres caprichosos y demandantes, ven a los consumidores que alentaron a cambio de atención o afecto. Entonces, se percatan de que sólo los consuelan regresando al círculo vicioso del consumo. Y así sucesivamente....
¿Qué pueden producir,  más que espejos de ellos mismos, insaciables compradores de la vida: ropa, tecnología, dvd's, cd's, autos, vacaciones? ¿Qué pueden formar,  más que mal educados como ellos: transgresores por excelencia, ignorantes de las libertades de los otros ejerciendo sólo lo que se les place , violentos y atropelladores que terminan atropellados?
¿Libros? Casi no hay lugar en la casa para ellos, salvo los que estén tan de moda que no puedan dejar de consumir. ¿Arte? ¿buena música? ¿historia?. No existen en el espectro de sus vidas. 
Y lo que es el peor de los flagelos: los medios de comunicación invitados continuos, sin filtro ni decodificaciones, se sientan a la mesa de las familias y ya nadie los echa. Se acepta y festeja absolutamente todo, sin percatarse de que se les inventó una realidad ficticia para que ellos la imiten. Padres e hijos, sienten que están viviendo, imitando lo que se les impone desde la pantalla (NO lo opuesto).
Y, en el fondo de esta bolsa, allá, agazapada, la infancia "desrealizada" que quedó fuera de cualquier alcance, fuera de toda educación, fuera de toda familia, fuera de todo consumo, fuera de todo.
¿Es esto lo que planeaba la Ley Federal de Educación con su E.G.B.? Permítanme felicitarlos: lo lograron ampliamente.

EL MIEDO

Detengámonos a pensar un instante: ¿no nos están "bombardeando" las fuerzas, las esperanzas, las ganas de seguir, las ganas de luchar , y sobre todo de reflexionar? Todos estamos viviendo momentos de incertidumbre y de temor, no lo ocultemos. Pero, sería interesante que nos preguntemos si la sensatez va de la mano del miedo, o si son enemigos acérrimos.

Quizás podríamos ser puntales, como integrantes de una comunidad de pensamiento para invitar a todos los demás integrantes de este país a que comiencen a "decodificar" las informaciones, a que no se dejen ensordecer por los "gritos" mediáticos con noticias todavía repetitivas, sin fundamento, amarillistas y alarmantes. No son tiempos aún (y quizá no lo sean nunca) de olvidarnos del hambre, de las malas administraciones, del dengue no solucionado, de la coyuntura diaria, frente a una epidemia que no lo es, y no lo será porque hay remedio para ella. Recordemos por un instante que nuestros predecesores de la historia, padres del gran pensamiento, genios en el arte, la literatura, las ciencias, tenían muchas menos curas para sus enfermedades y vivían muy pocos años comparados con nosotros.

Aún así, no transitaban su existencia asustados por el porvenir y seguían marchando hacia el futuro que nos legaron. ¿No será porque no dependían de la maldad de los mass media?

No soy quién esconde sus temores bajo las sábanas. Solo me quise detener a pensar en un mañana sin tristezas. Los invito a acompañarme. 



CARNAVAL


Cuando uno es niño, todos los disfraces son permitidos. Todas las máscaras. Todos los "dale que...". Y entonces, el mundo se transforma en un inconmensurable escenario en el que podemos ser lo que deseemos.

Es más: este ejercicio lúdico se vuelve la práctica más eficaz e inocente para decidir nuestros destinos futuros. Podemos probar, ensayar, equivocarnos y volver a comenzar para ser otros.
Si antes fuimos los malvados ladrones, ahora podremos devenir en hadas maravillosas y plenas de bondad capaces de lograr lo inimaginable. Si nos impresionó la posibilidad de ser médicos, elegimos ser maestros sin más riesgo que las huellas blancas de la tiza por toda nuestra ropa.

¡Qué lindo fue todo aquello!
Es muy difícil considerar que una infancia está completa sin este aspecto tan ingenuo y enriquecedor del juego.

El dilema más crucial es determinar cuándo termina.
Últimamente se ha abogado excesivamente a favor de lo lúdico en la vida adulta y tal vez esto haya confundido a muchos pensando que jamás deberían abandonarlo: se ha llegado a confundir al juego con la esperanza, con las utopías, con los sueños capaces de ser realizados. Error.

Mayoría de seres maduros (¿?) que nos rodean no se animan a vivir; no pueden enfrentar las pesadas responsabilidades del diario existir, no tienen la fuerza de concretar sus planes de trabajo, de estudio, de sacrificio y entrega en sus relaciones familiares y sociales. Temen a la rutina.
¿Qué hacen entonces? Se vuelven a disfrazar
.
Y empiezan ¿dale que vos sos mi paciente y yo juego a que te curo con las manos?
¿Dale que querés ser feliz y yo te adivino el porvenir? ¿Dale que querés aprender algo y yo te enseño aunque nunca me recibí de docente? ¿Dale que te doy consejos para superar ese problema y no soy terapeuta? ¿Dale que me postulo como político y no sé nada de gestión, economía o administración? ¿Dale que escribo y no me importa si plagio a otros escritores? ¿Dale que hablo sobre espiritualidad y sigo siendo una mala persona sin tolerancia ni amor hacia los demás?
¿Dale que querés mejorar tu calidad de vida y yo te indico cómo hacerlo sin ser nutricionista? ¿Dale que soy músico y nunca pude tocar bien un instrumento? ¿Dale que digo que soy un mecenas y no tengo conceptos estéticos? ¿Dale que te quiero vender un terreno y éste no tiene dueño?¿Dale, dale? ¿Si?

Complicadas máscaras las de la actualidad. Se hace muy difícil demostrarles a nuestros hijos cuál es el verdadero rostro: el de la honorabilidad, el de la idoneidad, el de la responsabilidad, el de la espiritualidad, el de la generosidad, el de la dignidad.....
Sólo ven que los rodea un enorme carnaval, ruidoso y confuso, donde nadie es lo que dice ser...




Para pensar: ARACA CON LOS  MECENAS ARBITRARIOS!
Araca: del lunfardo, ¡atención!, ¡cuidado!



Pierre Bourdieu , habló, por supuesto con mucho tino de los « arbitrarios culturales » y de la « reproducción social “. Baste decir sintéticamente, que la cultura o el saber (entre otras cosas, incluida desde ya la educación), son aquellos que el poder social y político del momento, considera relevantes, esto es, un recorte caprichoso, y quizá no ingenuo de la realidad.
Tal vez no sería interesante citar esta visión afilada con respecto a la cultura, en su función macro y micro sociales, sino fuera porque diariamente, y sin cesar, nos enfrentamos ante la posibilidad de elegir, lo que no es poca cosa. Podríamos pensar que, paradójicamente, este mecanismo de dominación social, se transforma segundo a segundo, en el más democrático y liberal de los sistemas de reproducción, solo por el hecho de que somos dueños de nuestra propia elección.
Ahora: ¿estamos preparados para elegir? ¿Se nos brinda un amplio abanico de opciones entre las que podamos movernos? ¿Estamos suficientemente formados para decodificar lo ofrecido y elegir otra estética?. Menudo planteo, cuando los medios de comunicación están agotados en sí mismos, y la pobreza creativa es la marca identificatoria del arte oficialmente relevante.
Esta situación, la del agotamiento de los medios, ¿podría considerarse inocente, casual, fortuita? Por lo que acabamos de plantear, claro que no lo es, y desde ya, los foros de discusión, lo están exponiendo continuamente. Claro, no lo hacen en espacios al alcance de la gran mayoría, situación que invitaría a pensar a muchos más seres de los que habitan esos foros.
¿Cuál es la entrada, el ticket, el pase libre que nos permitiría asistir a ese majestuoso espectáculo de la libertad? : el libre albedrío, desde ya. Atributo inherente y congénito del ser humano, pero desafortunadamente, menos común de lo que imaginamos. Porque para optar, debemos conocer. Para decidir, debemos tener ofertas válidas. Para rechazar, debemos evaluar, sopesar, comparar. Para todas estas posibilidades debemos valorar el esfuerzo que nos depare esa búsqueda.
Existe un universo inconmensurable e inabarcable allá, esperándonos. Hay propuestas agradables, simples. Hay propuestas complejas, y hasta repulsivas (pensemos solamente en lo que significó el dadaísmo en su momento, hoy casi inocente frente a nuestros ojos). Hay propuestas conocidas, y las hay casi anónimas. Hay planteos comprensibles desde nuestra objetividad, y otros absolutamente subjetivos. 
Pero ¡cuidado! : un error garrafal se encuentra agazapado detrás de las buenas intenciones en lo que a estética se refiere: la bondadosa generosidad del gran mercado. La confusa profusión de estilos, calidades y niveles.
 ¡Atención! con el egocentrismo disfrazado de mecenazgo. La selección más caprichosa de todas que es la no selección. 
Dejemos en manos del más sabio de los selectores (el espectador), la posibilidad de ser EL mecenas. Porque, a través del tiempo, se ha demostrado que EL fue quién nunca se equivocó, y quién nunca dejó una ilusión abandonada en una silla, o peor, aún, dispersada en una pequeña mesita, esperando a que alguien la adquiera.
Habitantes de este pequeño universo (no, MUNDO, el mundo está dentro, no afuera): elijan SU propia cultura. No dejen que nadie les diga que lo que les están mostrando es un regalo, es TODO. Salgan a buscar a la cultura escondida, que está más allá de las vidrieras, y quizá encuentren maravillas que los sorprendan de verdad, sin ampulosos discursos. NUNCA LA CULTURA NECESITO DE PALABRAS AMPULOSAS. Y si luego encuentran una gema que brilla en la oscuridad, o mezclada entre el gentío, podrán ser los verdaderos propietarios de su descubrimiento, que, probablemente, será perdurable (y no necesitarán comprarle a nadie los derechos)….




Alejandra C. Bertolini (una voz que clama en el desierto).
(Publicado en el diario Nuestro Tiempo de Merlo, en nov. 2008)




La franca extinción de la palabra NO


NO me gusta pontificar, NO creo ser la dueña de la verdad, y afortunadamente NO vivo en una gran ciudad.
Será por eso que todavía no se me adormecieron los sentidos, sobre todo el crítico; miro la vida desde el balcón de la paz buscada y luchada, invadida irremediable y forzosamente en los veranos.
Pero me pregunto: ¿qué fue lo que logró invalidar a la palabra?¿qué gran poder tuvo la fuerza de la realidad para anular la rebeldía de aquellos años gloriosos del flower power? Digo. Porque somos los protagonistas de esa generación los encargados de contrarrestar a la insoportable levedad no ya del ser, sino de las generaciones posteriores que, entre el destape del rock and pop, y la desvergüenza de la tinellización, se apoderaron de los espacios que nosotros cedimos amablemente, vaciándolos completamente de opinión.
Convengamos que lo hicieron repitiendo “nada, nada…” “vamos a ver” “te paso la data”, pero les faltó el tiempo anterior lamentablemente para sentir el aroma inconfundible de las páginas de Borges, Cortázar, García Márquez, Tolstoi, Homero, los mapas geográficos, los libros de historia, las revistas de historietas, el Reader Digest (el antiguo, por supuesto, que traía las vidas de los personajes famosos, grandes inventores, bailarinas, músicos, etc.), las enciclopedias, las reproducciones de pintores famosos. Les quedó chica la oreja para darse la oportunidad de comparar distintas corrientes musicales  sin excluir a ninguna, y cayeron en la trampa de la pobreza sin identidad del reggaetón o la bailanta.
Se convirtieron en ciudadanos y padres permisivos sin ningún compromiso ni con la vida ni con la tarea que tenían por delante.
El poder imitativo llegó a muchos integrantes de otras generaciones, por convicción o por conveniencia, y fue así, que casi sin darnos cuenta, nos convertimos en los habitantes de una sociedad en dónde la palabra NO, se convirtió en insulto, en castración, en autoritarismo disfrazado.
La consecuencia de vivir sin NO, fue así:
·        NO poner límite ninguno, NO oponerse, NO tener  autoridad para exigir, ser presas de sus propios errores: los hijos son seres sin encuadres ni fantasías porque todo les es dado y permitido. NO reconocer en dónde empiezan y terminan los propios deberes, y entonces exigir a los educadores que cumplan con la misión que por naturaleza les corresponde a los padres. NO saber por dónde comenzar porque nunca se lo propusieron, ni aún antes de la supuesta planificación de una familia. Ayer escuché a una niña de 6 o 7 años decirle a su madre: “no me contaste cómo era la carpa, ¡qué guacha!”. Su mamá, por supuesto le respondió como si nada fuera, sin tomar nota del insulto como tal.
·        NO aceptar las reglas de la civilidad ni las leyes establecidas. Todo espacio existente es un amplio campo de caos y desobediencia: manejamos hablando por celulares, no existe prohibición de estacionar ni aún frente a un hospital, pasamos por encima de los peatones, de las barreras, de la vida. NO respetar al otro ni siquiera con el orden y la limpieza de nuestros sitios comunes, es pan de todos los días.
·        NO saber dónde estamos parados y creer que todo es posible: el consumo se masificó, ya no existen sorpresas ni sorprendidos. Cualquiera puede comprarse una artesanía salteña a la vuelta de su casa en Lanús, cualquiera quiere suponer que está en un restó (¿qué es un restó?) y no se enorgullece del bodegón de su barrio, cualquiera se siente de la rancia nobleza veraniega porque puso su carpa clandestinamente en la puerta del bosque de Cariló, y ya no hay nadie que camine feliz como otrora por las calles de Mar de Ajó o Santa Teresita, sintiéndose seguro de que ese es su estilo y no lo que le quedó por descarte en la economía familiar.
NO hay que hacer cualquier cosa para “estar”, y ya nadie lo entiende….
·        NO tener noción de que renovar el auto constantemente corriendo detrás de una cuota toda la vida, es hipotecar necesidades superiores como el estudio de los hijos, la compra de libros en el hogar, tener un buen instrumento y hacer que alguno de la casa pueda estudiar su ejecución, planificar un viaje para enriquecer nuestra cultura, proponernos disfrutar del esfuerzo largo y constante que significó llegar a la meta, que debe ser simplemente, “motorizarnos”, y nada más, sobre todo cuando nuestro poder adquisitivo está gritándolo.
·        NO poder decodificar ni un solo mensaje dado por los medios, ni político, ni económico, ni cultural, ni moral, etc, etc. Todo es deglutido sin siquiera ser masticado, todo es aceptado, todo es aplaudido, todo es permeabilizado. Es muy probable que muchas de las actitudes anteriormente mencionadas, sean el resultado y la consecuencia de esto último: el argentino medio COPIA a los medios y no viceversa. O acaso, ¿no se dieron cuenta de la cantidad de (pobrecitos) perritos diminutos invadiendo las calles, los autos, los hoteles, las familias enteras, muchas de ellas sin siquiera la conciencia de andar transportando en brazos a una víctima inocente de quién sabe qué moda gatera televisiva?
¿Es posible que ya no exista autoformación, autogestión, criterio propio y único y deseemos convertirnos en un clon de modelos por demás deleznables?
Zygmunt Bauman advirtió ya hace tiempo que el principal enemigo de las nuevas sociedades iba a ser el consumidor insatisfecho que desee hacer una queja.
Los que solemos darnos cuenta de algunas cosas y las expresamos, nos convertimos en ese tipo de consumidor molesto e insatisfecho que conoce el valor de la palabra NO.
Les hago una pregunta a quiénes detenten aún la rara costumbre de pensar: ¿no se sienten esa persona en todas y cada una de sus horas? A mí me pasa todo el tiempo….

 Enero de 2012-

El Merlo que se fue


El aire era fresco y olía a madreselvas, a cedrón y menta por ese entonces. Una delicada lluvia caía en las noches y el sol convocaba cada mañana a la reina mora y a  los picahuesos.
Nos gustaba trasnochar en  la casita del sol para escuchar a Coco cantando tonadas, mientras nuestra hija perseguía tucos con sus amiguitos. Otras  noches visitábamos la biblioteca de María y tal vez nos encontrábamos  con Marcos  que venía de Piedra Blanca en sulky.
Con su elegante sombrero y su claro atuendo  estival , Mario, acompañado por su inseparable “hermana”  Estela,  se divertía  piropeándonos por las espaldas para llamar nuestra atención, y nos hacía reír con sus inteligentes sarcasmos.
Cuando cruzábamos al descuido la tranquila Los Almendros que en casi todo su recorrido era de tierra, en la vereda de enfrente siempre encontrábamos músicos conocidos, y dejábamos que el tiempo se deslizara sentados en lo de Cunto tomando una cerveza.  Seguramente  veríamos pasar al “turco” Ray, que iba a charlar con algún amigo para liberarse  un rato de su tarea de comerciante, alimentando  a su alma de glosas, o al Pocho Urquiza grandote y bonachón, saludando a todo el mundo desde su silla en la esquina.
La Avda. del Sol se dibujaba aún tal y como la soñó don Julio;  en lugar de un casino había un solar rodeado de olivares,  y nos gustaba visitar la feria artesanal que se instalaba sobre el césped ralo, los fines de semana . 
Todavía eran pocos los que subían al Rincón cuando anochecía, así que sólo se oían los grillos y el murmullo del arroyo que bajaba.
Como otra ciudad en el mismo sitio. Los seres que ya no están,  tornan desconocido, extraño, frío y desolado a nuestro amado Merlo. Porque lo iluminaban, le daban matices y colores particulares, únicos. Le daban la luz del sol que hoy ya no vemos como antes.  Lo particularizaban como el verdadero lugar en el mundo.
Los extrañamos .  A ellos y a muchos más que no volveremos a ver . Nos vamos quedando solos. Nuestra vida era maravillosa en este pequeño pueblo  por aquellos años, y cualquier cosa era posible, porque aún había silencio y tiempo libre para soñar y ser feliz.

Noviembre de 2014.

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