Roberto
"...el rosal tampoco existe y es seguro que se ha muerto al irte tú" Cuando llegamos Roberto ya vivía casa de por medio con nosotros, en un amplio chalet de ladrillo a la vista, solamente junto a su madre. Nunca intercambiamos con él más que algunos saludos y unas pocas palabras, porque su mundo se reducía a esa compañía que llenaba sus días. Sin embargo lo que siempre asombraba a quienes residíamos y a los turistas que pasaban ocasionalmente era su maravilloso jardín poblado de rosales rojos, rosas y blancos que trepaban por el cerco, un hermoso pino gris en la entrada, y las diferentes flores multicolores de estación que enmarcaban toda su casa, dándole el tono que imponía la estación y la generosidad de la naturaleza. Roberto charlaba en voz baja con su madre y a veces solo se oía el ruido de la tijera de podar o el del agua que salía de la manguera mientras regaba su jardín. Un día supimos que su mamá dejó este mundo, y a partir de entonces pudimos notar que amu...