El Merlo que se fue

Allá por los noventa, el aire era fresco y olía a madreselvas, a cedrón y menta por ese entonces. Una delicada lluvia caía en las noches y el sol convocaba cada mañana a la reina mora y a los picahuesos. Nos gustaba trasnochar en la Casita del sol para escuchar a Coco cantando tonadas, mientras nuestra hija perseguía tucos con sus amiguitos. Otras noches visitábamos la biblioteca de María y tal vez nos encontrábamos con Marcos que venía de Piedra Blanca en sulky. Con su elegante sombrero y su claro atuendo estival , Mario, acompañado por su inseparable “hermana” Estela, se divertía piropeándonos por las espaldas para llamar nuestra atención, y nos hacía reír con sus inteligentes sarcasmos. Cuando cruzábamos al descuido la tranquila Los Almendros que en casi todo su recorrido era de tierra, en la vereda de enfrente siempre encontrábamos músicos conocidos, y dejábamos que el tiempo se deslizara sentados en lo de Cunto tomando una cerveza. Seguramente veríamos pasar al “turco” Ray, que iba a charlar con algún amigo para liberarse un rato de su tarea de comerciante, alimentando a su alma de glosas, o al Pocho Urquiza grandote y bonachón, saludando a todo el mundo desde su silla en la esquina norte de la plaza.  La Avda. del Sol se dibujaba aún tal y como la soñó don Julio; en lugar de un casino había un solar rodeado de olivares, y nos gustaba visitar la feria artesanal que se instalaba sobre el césped ralo, los fines de semana . Todavía eran pocos los que subían al Rincón cuando anochecía, así que sólo se oían los grillos y el murmullo del arroyo que bajaba. Como otra ciudad en el mismo sitio. Los seres que ya no están, tornan desconocido, extraño, frío y desolado a nuestro amado Merlo. Porque lo iluminaban, le daban matices y colores particulares, únicos. Le daban la luz del sol que hoy ya no vemos como antes. Lo particularizaban como el verdadero lugar en el mundo. Los extrañamos . A ellos y a muchos más que no volveremos a ver . Nos vamos quedando solos. Nuestra vida era maravillosa en este pequeño pueblo por aquellos años, y cualquier cosa era posible, porque aún había silencio y tiempo libre para soñar y ser feliz. 

Noviembre de 2014.

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