Cuidadoras invisibles

 


"Un cuidador es un explorador con una mochila llena de dudas que diariamente tiene que resolver y cada día es una nueva aventura"


Hermosas frases, valientes cometidos, mandatos inconscientes, amor desmedido, apego excesivo, consciencias exigentes, valores exacerbados...

Sin duda son estos y muchos más los motivos que nos llevan a muchas de nosotras, mujeres  adultas mayores que tenemos la fortuna de tener padres añosos, a ni siquiera dudar ante su requerimiento involuntario y ponernos a su disposición cuando sus fuerzas físicas y psíquicas comienzan a declinar. Nosotras también estamos en ese declive de la existencia, (con alguna ventaja poseemos tiempo para dedicarles y buen estado físico) pero es ahora cuando recién comenzábamos a pensar en nuestro propio ser.

Sin embargo nuestras amigas cercanas nos muestran situaciones muy semejantes,  más o menos complejas, ahora o en el pasado tuvieron este mismo transcurso, y quienes ya no tienen a sus padres después del tiempo dedicado a ellos, sienten doblemente esa ausencia y el no tener ya a quien cuidar. Incluso nos ha tocado conocer casos como el de Vivi, que luego de luchar años y años detrás de las cuidadoras de su madre con sus cambios, sus problemas y su organización, fue ella misma quien enfermó gravemente sin tener quien la cuidara partiendo a otro plano y dejando finalmente a su madre sin su tutela. 

Somos invisibles, sí. Creo saber por qué. Tenemos una misión tan fuerte desde el principio de los tiempos, que hasta nos avergonzamos de contarlo, de compartirlo, de quejarnos cuando merecemos hacerlo. Nuestros familiares ausentes en esta responsabilidad no quieren ni siquiera conocer el día a día, y hasta quienes viven con nosotros tienen derecho a estar fatigados de escuchar las pequeñas historias diarias o de ayudarnos a solucionar los problemas, sobre todo porque muchas veces nuestros compañeros tuvieron o tendrán que pasar por la misma experiencia con sus padres.

Es sabido que los hijos que asumimos con amor esta función, solucionamos el problema a aquellos que no lo hacen, así es que casi podríamos convertirnos en los más egoístas seres del planeta si osáramos pedirles la más mínima colaboración. Incluyamos a nuestros padres en este enjuiciamiento, por supuesto, porque aún sin desearlo naturalizan completamente que seamos nosotros y nadie más quien esté a cargo de sus inconvenientes, porque observan sin equivocarse, cuánto cariño y dedicación ponemos a cuidar a ese bebé que alguna vez fue nuestra mamá . La mía me lo dice todos los días : "hoy me cuidás vos como yo te cuidaba cuando eras chiquita". 

Nos hacen renegar, nos hacen muchos líos en un ratito que no los vemos. Los tenemos que retar porque comen poco, porque no se higienizaron los dientes, porque no van con frecuencia lógica a hacer sus necesidades, porque aman comer "comida chatarra" y dejan a un costado la verdadera y sana, porque se olvidan de las recomendaciones que les hicimos una y otra vez, porque algunos días no tienen ganas de levantarse, de bañarse, de vivir,  en síntesis, y cómo no va a suceder eso cuando superan la barrera de los 90 años..!

Quienes en algunas oportunidades nos ayudan en esta tarea también a veces se cansan de nuestras recomendaciones, de nuestro seguimiento, de nuestro exagerado cuidado, y pensar en sucesivas etapas a veces nos quita el sueño.

Para mis amigas Silvita, Ma. Silvia, Alejandra, Ma. Alejandra, Graciela, Marina,  Cris, para mi sobrina Eliana, aquellas que pasaron o están pasando por esta etapa con sus mamás/papás, les dejo estos consejitos. Estoy tratando de seguirlos:

  • Cuidar el cuerpo: hacer ejercicio, dormir lo suficiente, organizar el tiempo, mantener las aficiones intactas, practicar relajación, comer sano.
  • Cuidar las emociones: Reconocer y aceptar los sentimientos, autovalorarse, poner límites al cuidado, aprender a pedir ayuda, no tener miedo de ser sinceros.
  • Cuidar las relaciones: reorganizar la vida social con amigos y familiares, delegar tareas y no creerse imprescindible, utilizar todos los recursos existentes, recurrir a asociaciones y si es necesario asistir a grupos de autoayuda. 
Finalmente. No tengas miedo de asumir que este es un momento de la vida especial, y como tal, merecés reconocerlo y reconocerte. No dudes en pasar la posta cuando tus energías se agoten. Seguirás siendo la misma hija amorosa de siempre, pero con tus propios límites.

Termino diciendo que tener a tu pequeña familia (pareja e hijos si es que hay, y sino a tus mejores amigos) cerca espiritualmente y apoyándote, es el tesoro más grande que puedas poseer en estos momentos.No los descuides y guarda para ellos tus ganas y alegría. 

Merlo, agosto de 2024.

Comentarios

  1. Es una dura tarea pero si se hace con amor hasta se disfruta. Yo por mi parte doy gracias de haber podido tenerlos tanto tiempo, suerte, un abrazo para vos y tu mami.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Cris por leerlo, y sí, recuerdo la fortuna que tuviste vos con quién cuidó a tu mamá. Abrazos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El regalo de Beatriz

Cuarta Edad