De relatividades

Argentina se ha vuelto relativa. ¿Cómo explicar la elección de este término sin relativizarlo? . Difícil. No estaríamos tal vez como estamos, de poder dimensionar la exactitud. El ser humano es un compendio de contradicciones, y no necesariamente deberíamos coincidir en conceptos esenciales del diario vivir. Sin embargo, tras largos años de anomia generalizada, el caos se apoderó de nuestro entorno y habrá muy pocos que consideren falaz a esta afirmación. Atravesar el mismo umbral de nuestro hogar ya se convierte en una odisea que puede definirse en dos extremos posibles: tomarse la dosis más grande de indiferencia que tengamos a mano en nuestro botiquín mental y jugar al juego que nos propone la sociedad, o convertirse en un ser completamente agresivo y violento, que tal como en “Día de Furia”, decide hacer justicia por mano propia con todas la graduaciones de que podamos ser capaces. En esa escala encontraremos desde palabras escritas, orales, invitaciones amables o no, indicaciones, sugerencias, hasta lo que jamás hubiéramos deseado de nosotros mismos. Casi como en un espejo deformante, recordaremos luego ese reflejo y nos sentiremos extrañados de haber sido capaces de tales acciones. Pero ya será tarde. Es que la transgresión ha tomado una dimensión tan grande, que a algunos nos está resultando casi imposible cerrar nuestra boca luego del asombro desagradable que nos produce ver a la mayoría de los conductores hablando o “texteando” en su celular mientras van en sus automóviles, taxis, micros, transportando pasajeros; cuando observamos a madres insultando y ejerciendo violencia con sus niños, cuando vemos a alguien abandonar a sus animalitos cachorros en una bolsa de residuos, en el momento en que quienes rodean nuestros hogares viven con egoísmo su propia vida, entre gritos, fiestas, músicas invasoras y altisonantes constantes, en el preciso instante en que alguien estaciona su vehículo delante de un acceso para discapacitados (anoche, sentados comiendo algo, observamos una y otra vez, una y otra vez esta situación, y al agente de tránsito reprender mil veces a los choferes que se sucedían en este acto ilegal indiferentes), en los repetidos sucesos de falta completa de educación, en las personas que dicen “ayudar” a alguien hacer una tesis, cuando en realidad sabemos que los tesistas que acudan tendrán una amplia y sospechosa ventaja frente a quienes realizaron su tesis con el único e indiscutible esfuerzo propio, en cada instante de esos días en que la gente no sabe si estar feliz ante la acertada elección de ser honesta, trabajadora, estudiosa, digna, franca, pacífica, empática, solidaria, única, original, cuidadosa, amorosa, etc. No hablemos de los asaltos, de los crímenes, de las muertes injustas que suceden en esta sociedad argentina diariamente, sin siquiera tener la oportunidad de haberse apercibido un instante antes qué fue que las provocó. No mencionemos tampoco a la violencia simbólica; aquella que se ejerce a cada instante con el mal funcionamiento de cada engranaje social, de cada servicio, de cada componente material o humano que obligatoriamente interactúa con nosotros. Pues es en esas circunstancias, en todas y cada una de las no mencionadas en la enumeración que podría ser eterna, en las que nos damos vuelta pensando que una multitud estará acompañando nuestra queja, en que serán muchas las voces alzándose ante la injusticia, en que suponemos que una gran mano gigante tomará al “monstruo” y lo sacará de la pantalla, y ……..resulta que estamos solos. Es más: estamos solos de toda soledad, porque a nadie puede explicársele cómo volver hacia atrás sin sufrir las consecuencias del desinterés (propio o ajeno) de la burla, de la segregación (propia o ajena). De eso se trata el plan de la relativización de las cosas. Enero del 2017.

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