La dictadura de las redes sociales: Llegó para quedarse?
Los cambios en los medios suelen aparecer con la necesaria mansedumbre para que no los percibamos y se instalan tan lentamente que cuando quisimos acordarnos ya están definitivamente entre nosotros. Al menos permanecen aquí hasta que son reemplazados por otros cambios generalmente más sigilosos pero no menos preocupantes....para algunos al menos.
Al decir de Mc Luhan deberíamos aceptar que "el medio es el mensaje", pero ¿las redes sociales son un medio? Medio: instrumento o forma de contenido por el cual se realiza el proceso de comunicación.
Instagram, Telegram, Facebook, Twitter, y demás redes existentes ofrecen el instrumento y la forma de contenido (generalmente en formato de "comentario") de manera absolutamente gratuita y democratizadora. Todos y cada uno pueden utilizarlos cuándo, cómo y dónde prefieran.
Profesionales, artistas, empresas, comercios, particulares, han visto en estos espacios la mejor forma de darse a conocer, de difundir su trabajo y sus ideas, de vender mejor su/s productos, etc. A cambio reciben loas en forma de "likes" o denostaciones rápidas, superficiales y a veces, hasta violentas.
A aquellos que buscan estos medios para crecer económicamente (ésta es la búsqueda intrínseca) les resulta contradictorio ser "seguido" por multitudes, que los aman y odian con igual pasión pero que en el fondo significan una retribución en dinero a veces mayor que la que les reporta su propia profesión o emprendimiento. Se suma el sponsoreo de muchas marcas asociadas a la persona en cuestión que constituyen el aval y el "prestigio" de dicho personaje en las redes.
Hasta aquí un mecanismo de relojero, pensado de antemano, pero que se fue encastrando lentamente como el cubo mágico, color por color, en la sociedad, hasta ser naturalizado e incorporado activamente en la vida de muchas personas; actores y espectadores, observadores y creadores, vendedores y consumidores, unidos en una maraña que ya no deja ver la punta de la trama y mucho menos su final.
Aquí entonces se empieza a confundir, como en todo cuento distópico (no digan que los grandes escritores no nos lo advirtieron), la realidad y la ficción. Y resulta entonces que los canales de TV rigen sus elecciones de emisiones en forma cada vez más pronunciada, ya no guiados por el famoso rating, sino y sobre todo, por los "comentarios" que surgen en las redes a propósito de cierto personaje, actor, cocinero, locutor, etc. Aquellos cuyo mérito es exclusivamente encender el televisor o ver sus programas en su celular, opinan a favor o en contra de alguien, inclinando la balanza de aquellos en quienes está el poder de decidir, al punto de que algunas personas se ven obligadas a abandonar su trabajo porque ese grupo de "opinadores" lo "ejecutó" con sus comentarios negativos.
Las enormes y poderosas Plataformas deciden si filmarán o no sus temporadas de series siguientes de acuerdo a la aceptación o no de aquellos que se lanzan a opinar sobre ellas; los cocineros mediáticos se cuestionan si saben o no desarrollar sus recetas de acuerdo al gusto de los comentaristas; los profesionales se ven obligados a bailar mientras dan consejos para resultar simpáticos a sus seguidores y no perderlos; los adultos mayores deben sacar músculos, adelgazar, ser bellos y demostrar que no han perdido su juventud para constituirse en ejemplo de las otras generaciones; las respuestas de los inteligentes deben estar camufladas en bromas y ocurrencias risueñas para no ser tildados de "aburridos"o lo que es peor, perder abruptamente los "likes" conseguidos......y ni cabe mencionar a la raza completa de aquellos a quienes se denomina "influencers", que merecen un análisis separado.
Vaya novedad la que estoy contando, no? Es cierto. Pero si algo nos debería "estar haciendo ruido" como se dice comunmente en los últimos tiempos, es que hayamos llegado al punto de hacer justicia a través de las redes sociales. Se ha dado en llamar "cancelación", a la anulación, indiferencia y hasta rechazo de aquello o aquellos a quienes se condena socialmente. No es un fenómeno que no existiera desde tiempos inmemoriales, pero lo llamativo es que ahora se disperse como un líquido que cubra y hasta inunde todas las esferas. Se comenta, se comunica, se acepta, hasta convencer a quienes deben tomar medidas serias o trascendentes, incluida LA JUSTICIA real, aquella de los tribunales.
Tanto o más preocupante aún es el proceso complementario e inverso: el perdón otorgado por la patria comentarista de redes a aquello o aquellos que deberían ser condenados y sin embargo gozan de los favores desconocidos de la simpatía mayoritaria. Quienes deben decidir justamente, observan éste fenómeno y se preocupan en tenerlo muy en cuenta para conservar credibilidad.
Llegaremos a ser dominados por quienes NO LEEN, NO ENTIENDEN, PERO COMENTAN?
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